«Sobre nosotros, Dios»: así realizan sus saltos paracaidistas los militares de la BRIPAC

Es verdad que, en cada salto, San Miguel Arcángel, su patrón, vela por ellos, y que los paracaidistas guardan en su mochila una segunda vida, la del paracaídas de emergencia, pero no siempre funciona.

Un soldado se santigua, otro mantiene fija la mirada en el casco de su compañero. Ninguno habla. La calma antes de la acción. Son parte del grupo de militares de la Brigada Paracaidista (BRIPAC) del Ejército de Tierra al que acompaño. Todos aguardan en la zona de carga de un helicóptero Chinook de las Famet, con el paracaídas a la espalda y el equipo colgando de la cintura. En menos de un minuto saltarán desde 500 metros de altura.

No es ni de lejos, uno de sus saltos más difíciles, ya que estos profesionales de una de las unidades de élite del Ejército de Tierra están preparados para misiones mucho más complicadas, y han llegado a hacer salto a más de 7.000 metros de altura.

Todo empieza con la espera, con la larga espera. Lo que un paracaidista tiene que saber hacer, ante todo, es guardar la calma. «Aquí se viven muchos momentos de espera, de tiempos muertos», me dicen. Se refieren a la espera antes de llegar la zona de salto; el tiempo que pasa antes de equiparse completamente y pasar la última revisión y los momentos mas tensos una vez embarcado y minutos antes de saltar al vacío.

Todos pasan una revisión exhaustiva. Una vez has saltado, no se permiten fallos. «Triunfar o morir», reza uno de sus lemas, y no le falta razón. Cada paracaídas lleva una etiqueta que indica quien lo ha revisado y quien lo ha plegado, para que no haya margen de error. Es verdad que, en cada salto, San Miguel Arcángel, su patrón, vela por ellos, y que los paracaidistas guardan en su mochila una segunda vida, la del paracaídas de emergencia, pero no siempre funciona.

Un soldado se santigua, otro mantiene fija la mirada en el casco de su compañero. Ninguno habla. La calma antes de la acción. Son parte del grupo de militares de la Brigada Paracaidista (BRIPAC) del Ejército de Tierra al que acompaño. Todos aguardan en la zona de carga de un helicóptero Chinook de las Famet, con el paracaídas a la espalda y el equipo colgando de la cintura. En menos de un minuto saltarán desde 500 metros de altura.

No es ni de lejos, uno de sus saltos más difíciles, ya que estos profesionales de una de las unidades de élite del Ejército de Tierra están preparados para misiones mucho más complicadas, y han llegado a hacer salto a más de 7.000 metros de altura.

Salto en apertura automática de militares de la BRIPAC desde un avión Hércules. 

Todo empieza con la espera, con la larga espera. Lo que un paracaidista tiene que saber hacer, ante todo, es guardar la calma. «Aquí se viven muchos momentos de espera, de tiempos muertos», me dicen. Se refieren a la espera antes de llegar la zona de salto; el tiempo que pasa antes de equiparse completamente y pasar la última revisión y los momentos mas tensos una vez embarcado y minutos antes de saltar al vacío.

Todos pasan una revisión exhaustiva. Una vez has saltado, no se permiten fallos. «Triunfar o morir», reza uno de sus lemas, y no le falta razón. Cada paracaídas lleva una etiqueta que indica quien lo ha revisado y quien lo ha plegado, para que no haya margen de error. Es verdad que, en cada salto, San Miguel Arcángel, su patrón, vela por ellos, y que los paracaidistas guardan en su mochila una segunda vida, la del paracaídas de emergencia, pero no siempre funciona.

Militares de la BRIPAC equipados y a la espera de embarcar en un helicóptero Chinook para un salto. 

Al Chinook se le oye llegar de lejos. Cuando está  punto de tomar tierra, las hélices levantan un fuerte viento y levantan tierra y polvo. No paran. Los militares, en fila de a uno y en cuclillas, esperan a embarcar.

Una vez dentro, un olor a combustible y un ruido ensordecedor inundan la zona de carga del monstruo de metal de 30 metros de largo, más de 20 toneladas de peso y dos turbinas que dan una potencia de casi 4.700 CV cada una. Característicos de la guerra de Vietnam, estos helicópteros, que han sufrido modificaciones actualizaciones a lo largo del los años, pueden transportar hasta 50 soldados y llevar una carga externa de casi 12 toneladas de peso.

BRIPAC: "¡Sobre nosotros, Dios!" | Así se preparan nuestros paracaidistas militares 1
Un helicóptero Chinook de las FAMET sobrevuela a varios militares de la BRIPAC. 

Todos los militares van vinculados con el arnés a la guía del helicóptero (es un salto en automático, no manual). En este sistema, el de uso más común en la brigada, la cinta extractora se sujeta al cable estático de la aeronave –helicóptero o avión– para que el paracaídas se abra automáticamente cuando se produce el salto. Una vez que atraviesan la rampa de lanzamiento –ya sea en un avión o en un helicóptero– están solos. Hasta que tocan tierra.

BRIPAC: "¡Sobre nosotros, Dios!" | Así se preparan nuestros paracaidistas militares
Militares de la BRIPAC embarcan en un helicóptero Chinook para un salto. 

Cada vez que un paracaidista salta e impacta contra el suelo, es como si lo hiciera desde un segundo piso. Al menos eso me dicen. Más de uno guarda lesiones en su cuerpo; recuerdos de saltos en los que cometió un pequeño error o sobre un terreno que no era del todo idóneo, pero ninguno se queja.

Están aquí para servir a España, y a los españoles. Espíritu de sacrificio y valor que les acompaña allá a donde van. Un Caballero/Dama Legionario Paracaidista no entiende aquello de darse por vencido. «Por encima de todo está la misión; el calor, el frío, el hambre, el sueño y el cansancio, para mi serán estimulantes», reza su ideario.

Militares de la BRIPAC a punto de realizar un salto en apertura automática desde un helicóptero Chinook. 

Son una gran familia. El espíritu de fraternidad se nota en la unidad. Ellos son distintos, son especiales. No tanto como la Fuerza de Guerra Naval Especial, pero sí a su manera, como sus hermanos de La Legión.

Los soldados de la BRIPAC son legionarios, por tradición, por nombre y por fundación, pero además son paracaidistas. De lejos viene el pique –sano– entre paracaidistas y legionarios, entre brillantinas y lejías. A los soldados de la BRIPAC se les conoce por el apodo de brillantinas por la gomina que muchos llevaban en origen con el uniforme de paseo y por el especial cuidado que ponen a la uniformidad y al resto de muestras externas de disciplina.

Salto en apertura automática de militares de la BRIPAC desde un helicóptero Chinook. 

Unos luchan bajo el amparo del Cristo de la Buena Muerte y otros bajo el del Cristo de Ánimas de Ciegos, pero ninguno teme a la muerte. «La vida se defiende luchando; la muerte es el mayor premio para el valiente y el mayor castigo para el cobarde». Está claro, son especiales, están hechos de otra pasta.

Sigue leyendo el reportaje completo en: TheObjective.com

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